Un trabajo publicado en la edición de diciembre de 'Sleep' -citado por la revista Jano- muestra que tanto una disminución como un incremento en la duración del sueño se asocian a un riesgo incrementado de muerte por causas cardiovasculares y no cardiovasculares.
La curva de tiempo durmiendo, asociada a la mortalidad, adquiere forma de 'U', según revelan los investigadores. Es decir, que aquellas personas que al inicio del estudio dormían entre 6 y 8 horas y posteriormente dormían menos se enfrentan a un aumento del riesgo de muerte por causa cardiovascular del 110 por ciento. Sin embargo, aumentar el tiempo de sueño en aquellas que dormían 7 u 8 horas también aumenta el riesgo por causa no cardiovascular en un 110 por ciento.
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