Estudios demuestran que el mal dormir acelera el envejecimiento, aumenta la presión sanguínea, disminuye la capacidad inmunológica, provoca obesidad, pérdida de la memoria, de la atención y puede ser detonante de un amplio abanico de enfermedades que van desde males cardiacos y depresión, hasta la diabetes.
Es por ello que la calidad y la cantidad de sueño son factores relevantes en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades, algo que no se toma mucho en cuenta en la práctica médica.
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